En la parte delantera de las populares camisetas aparecen los conocidos eslóganes El futuro es mujer, Girl Power, Feminista, y la lista continúa. Con demasiada frecuencia, estos mensajes positivos se contradicen directamente con los valores y prácticas de sus propias cadenas de suministro. A pesar de que las mujeres conforman la mayoría de fabricantes y consumidores de ropa, la industria de la moda genera la base sobre la que se ha enconado la discriminación de género desde sus inicios. Uno de cada seis personas empleadas trabaja en la industria de la moda, y el 80 por ciento de sus trabajadores son mujeres. Por el lado del consumidor, las mujeres milenniales gastan 226 por ciento más en ropa por año que sus homólogos masculinos. Sin embargo, en toda la cadena de suministro, es raro ver a mujeres en puestos de poder, ya sea a nivel de jefaturas o en puestos directivos dentro del sistema de fábricas.

La moda, especialmente la moda rápida, en su esencia, es mucho más que un problema medioambiental: es un problema urgente y crucial de las mujeres, que debemos abordar.

Todas las imágenes son cortesía de Remake.

El perpetuo ciclo de la moda

En los últimos 15 años, la producción de ropa se ha duplicado. Al observar el círculo vicioso de la industria de la moda, no es difícil ver por qué. Según nuestras normas culturales, el acto de "repetir un atuendo" es casi un pecado, que sólo es absuelto mediante una terapia de compras. En Gran Bretaña, un tercio de 2.000 mujeres encuestadas pensaba que la ropa ya era vieja después de usarla una o dos veces. La industria de la moda perpetúa y prospera a partir de estos sentimientos de insuficiencia, y produce nuevos estilos en apenas dos semanas.

Las redes sociales, que constantemente nos informan sobre las últimas modas, agravan estos sentimientos de inadecuación. Distraídos y alejados del proceso de producción de nuestra ropa, nos vemos atraídos por comprar productos baratos que sólo duran unas pocas lavadas antes de que se deshilachen y encojan. Y el círculo vicioso de la moda rápida continúa, en nuestras redes, nuestros armarios y, más rápidamente, en nuestros basurales.

Esto tiene un alto costo para los trabajadores de la confección detrás de la etiqueta.

Las vidas detrás de la etiqueta

En una entrevista con Remake, una trabajadora de México, Olivia, opina: "Creo que el problema principal de la fábrica es que nos ven como objetos que producen; no como mujeres, no como madres, no como hermanas, no como hijas. Nos ven simplemente como mano de obra barata".

Muchas de las prendas baratas y de moda que acumulan polvo en el fondo de nuestros armarios son fabricadas en base a la explotación y el abuso sistemáticos de las trabajadoras de la confección. Más allá de los daños ambientales provocados por actos de contaminación y desperdicio (aproximadamente 200 millones de libras de ropa terminan en los basurales de Nueva York al año), los precios bajos tienen otro gran costo para la humanidad. Las mujeres y niñas que se esconden tras esas cadenas de suministro dependen de puestos de fábrica mal pagados y sufren de abusos laborales por ganarse la vida.

En Etiopía, las trabajadoras de la confección ganan solo 888 Birr (aproximadamente $ 26 USD) al mes. En Bangladesh, donde se lleva a cabo la mayor parte de la producción, las trabajadoras de la confección ganan 3.000 Taka (aproximadamente $35 USD) al mes. ¿Cómo pueden las mujeres salir de la pobreza, mantener a sus familias, obtener independencia o darle una educación a sus hijos en una industria que las trata como esclavas?

¿Cómo pueden las mujeres salir de la pobreza, mantener a sus familias, obtener independencia o darle una educación a sus hijos en una industria que las trata como esclavas?

Además de esto, no es raro que las trabajadoras de la confección trabajen 60 horas semanales o más en condiciones extremadamente peligrosas, ya que los edificios de las fábricas no cumplen con las normas de seguridad, y que experimenten discriminación de parte de la gerencia de la fábrica, ya sea de género, en base a su edad o por estar embarazadas. Día tras día, hay mujeres jóvenes y niñas que se levantan a las 5 de la mañana para soportar largas e intensas jornadas de trabajo por un salario escaso o nulo. En una entrevista anónima de 2013 con CBS, una trabajadora de ropa bangladesí hizo un perturbadora observación sobre sus condiciones laborales: "Cuando cometemos un error, por lo menos los supervisores ya no nos golpean tanto como antes". El abuso físico es muy común. Desgraciadamente, las lesiones son frecuentes en todas las fábricas de prendas de vestir, especialmente en casos de abuso brutal y condiciones de trabajo peligrosas.

Muchas mujeres y niñas permanecen en estas situaciones porque sienten que no existe otra opción. En una entrevista, Rubina, trabajadora de la confección en Pakistán, explica: "Si nuestra familia no estuviera pasando por tan mala racha a nivel económico, no volvería, pero hacemos lo que hay que hacer... y aquí sigo, varios años después". 

En las fábricas más peligrosas, no existen salidas de emergencia ni medidas básicas de seguridad. En muchas fábricas de prendas de vestir que emplean a más de mil mujeres, las salidas de emergencia están bloqueadas por la mercancía y no hay extintores. Hace menos de una década, a raíz de la gran cantidad de violaciones estructurales, la fábrica de prendas de vestir Rana Plaza se derrumbó, matando a más de 1.132 mujeres e hiriendo al menos a 2.500; como era de esperar, las víctimas no fueron indemnizadas adecuadamente. Este no fue un incidente aislado. Tomemos por ejemplo los incendios en las fábricas de ropa en Karachi y Lahore, Pakistán. Según se informa, todas las puertas y salidas de emergencia estaban cerradas con llave; esto a menudo se hace para garantizar que las trabajadoras no salgan antes de que terminen sus turnos. Posteriormente, estos incendios de fábricas mataron a más de 300 personas e hirieron al menos a otras 600.

Según se reportó, algunas costureras que trabajaban en Rana Plaza cuando esta se derrumbó, intentaron hablar con un directivo sobre su preocupación por la integridad de la estructura del edificio poco antes de que se desmoronara. Desestimaron sus preocupaciones. A pesar de que las mujeres hacen la mayor parte del trabajo duro, el acceso a posiciones de poder y oportunidades de que sus voces sean escuchadas no son la norma.

El sexismo no cesa en las fábricas

Más allá de la producción, la desigualdad de género impregna la industria de la moda en el sector corporativo. Aproximadamente el 80 por ciento de los graduados de Parsons son mujeres. Sin embargo, de las 50 principales marcas de moda, solo el 14 por ciento son dirigidas por mujeres. ¿Cómo es posible que una industria sostenida por mujeres esté controlada por hombres? La falta de educación o experiencia aquí no es el problema. Casi el 100 por ciento de las mujeres de la moda ven la desigualdad de género como un problema, mientras que solo el 50 por ciento de los hombres piensa igual.

La desigualdad de género sigue estando omnipresente a nivel de jefaturas. Las opiniones femeninas se ignoran a nivel ejecutivo, a pesar de cómo representan y entienden al público objetivo de las empresas. Las mujeres son la fuerza laboral de la industria, las consumidoras principales y el mercado objetivo. Sin embargo, los hombres son los principales ejecutivos de la industria, los que hacen el dinero y, en última instancia, los más poderosos. 

Aproximadamente1 el 80 por ciento1 de los graduados de Parsons son mujeres. Sin embargo, de las 50 principales marcas de moda, solo el 14 por ciento son operadas por mujeres.

Transformando la narrativa 

Podemos alterar nuestras prácticas como consumidores para hacer un cambio positivo en la trayectoria de la industria de la moda y, aún más importante, en las vidas de las mujeres que crean la ropa tras bambalinas. Primero, los consumidores pueden recompensar las conductas positivas dentro de la industria.  Al gastar dinero en marcas de moda que ofrecen salarios dignos, apoyan a su mano de obra femenina y se centran conscientemente en la sostenibilidad medioambiental, nuestro poder adquisitivo motivará a otras empresas a seguir su ejemplo.

Otra buena práctica, además de cuidar la ropa que ya tiene durante el mayor tiempo que pueda, es comprar ropa de segunda mano y vintage en tiendas de segunda mano o aplicaciones como Depop y ThredUp.

Juntos, exijamos más para las mujeres que hacen nuestra ropa. 

Conozca más sobre cómo hacer de la moda una fuerza positiva y #WearYourValues (Vestir sus valores) visitando Remake, una organización sin fines de lucro 501c3 dedicada a esclarecer las violaciones de derechos humanos y las injusticias climáticas que está provocando la industria de la moda.

Envíe WearFair (Vista Comercio Justo) al 52886 para unirse al movimiento #WeWearFairTrade (NosVestimosConComercioJusto).

 

Carey Oakes

Carey se une a la comunidad Remake como una estudiante de Alemán y Relaciones Internacionales de Virgina Tech. Con domicilio en el área de Washington D.C., le apasionan el medioambiente, las prácticas sostenibles en la moda y subsanar las desigualdades globales.